El lado oscuro de los autos eléctricos: qué pasa realmente con las baterías cuando dejan de funcionar

Los autos eléctricos se han convertido en una de las principales alternativas para reducir la contaminación en las ciudades.

No emiten gases por el tubo de escape, pero eso no significa que estén libres de problemas ambientales. Uno de los desafíos aparece cuando sus baterías dejan de funcionar y ya no pueden utilizarse en los vehículos.

A medida que aumenta la cantidad de autos eléctricos en circulación, también crece la preocupación por lo que ocurrirá con esas baterías durante los próximos años.

Su reutilización y reciclaje serán importantes para evitar que los materiales terminen como residuos y para aprovechar minerales que requieren procesos de extracción.

El problema de las baterías cuando termina su vida útil

Una batería de un auto eléctrico puede pesar entre 300 y 600 kilogramos y contener minerales como litio, cobalto, níquel y manganeso.

Su vida útil suele estimarse entre 8 y 12 años, aunque depende del modelo, el uso y las condiciones de funcionamiento. También influye la pérdida gradual de capacidad, que con el tiempo reduce la autonomía del vehículo.

Cuando estas baterías llegan al final de su uso en un automóvil, no pueden desecharse como cualquier otro residuo. Si terminan en vertederos sin un tratamiento adecuado, pueden generar distintos problemas:

  • Contaminación del suelo y el agua: algunos componentes de la batería y sus electrolitos pueden filtrarse si el material está dañado y no se maneja correctamente.
  • Riesgo de incendios: las baterías de iones de litio pueden sufrir un proceso conocido como fuga térmica (thermal runaway). Se trata de una reacción que genera mucho calor y puede provocar incendios difíciles de controlar.
  • Desperdicio de materiales: desecharlas significa perder minerales que pueden recuperarse y utilizarse en la fabricación de nuevas baterías.

Las baterías pueden tener una segunda vida

Que una batería ya no tenga suficiente capacidad para mover un automóvil no significa que haya dejado de servir.

En muchos casos todavía conserva una parte importante de su capacidad original y puede utilizarse en instalaciones que no necesitan tanta potencia ni autonomía.

Esta posibilidad ha impulsado el desarrollo de las llamadas baterías de segunda vida (second-life batteries), que se reacondicionan para otros usos.

Uno de ellos es el almacenamiento de energía en viviendas, comercios e instalaciones industriales.

Las baterías recuperadas pueden guardar electricidad producida por paneles solares durante el día y utilizarla más tarde, cuando la generación disminuye.

También pueden servir para almacenar energía eólica o solar y entregarla a las redes eléctricas cuando aumenta la demanda. De esta forma, materiales que ya no resultan adecuados para un automóvil pueden seguir funcionando durante varios años en otras instalaciones.

Qué ocurre cuando ya no se pueden reutilizar

Después de su segunda vida, las baterías pueden pasar por procesos de reciclaje para recuperar parte de sus materiales.

Entre las técnicas utilizadas se encuentran la hidrometalurgia, que emplea soluciones químicas para separar los metales, y la pirometalurgia, que utiliza altas temperaturas para procesar los componentes.

Estos métodos permiten recuperar materiales como el níquel, el cobalto y el litio, aunque las cantidades dependen de la tecnología empleada y del tipo de batería.

Los materiales recuperados pueden volver a utilizarse en la fabricación de nuevos productos y, en algunos casos, de otras baterías.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha señalado que el reciclaje y la reutilización serán importantes para reducir la necesidad de extraer nuevos minerales en las próximas décadas. Para que esto ocurra, también será necesario ampliar las plantas de tratamiento y mejorar los sistemas de recolección.

El desafío para los fabricantes y los compradores

Los autos eléctricos siguen siendo una alternativa para reducir las emisiones del transporte, pero su impacto ambiental no termina cuando salen de la fábrica. También importa qué ocurre con sus baterías después de años de uso y quién se hace cargo de ellas.

Por eso, las garantías de los fabricantes, los sistemas de recolección y las normas que establecen responsabilidades sobre los residuos son parte de este proceso. Los compradores también pueden informarse sobre la duración de las baterías y las opciones disponibles para su reutilización o reciclaje.

El crecimiento de la movilidad eléctrica traerá cada vez más baterías fuera de uso. El desafío será aprovechar sus materiales y evitar que terminen convertidas en un nuevo problema ambiental.

Fuentes

  • International Energy Agency (IEA). (2023). Global EV Outlook: Recycling and Battery Waste Management Trends. Informe sobre el impacto global de las baterías y proyecciones de reciclaje. Disponible en: sitio web oficial de la IEA.

  • Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA). (2024). Lithium-Ion Battery Recycling and Safety Guidelines. Guía técnica sobre la gestión segura y reutilización de celdas de litio. Disponible en: portal oficial de la EPA.

  • Fundación Ellen MacArthur. (2023). Circular Economy for Electric Vehicle Batteries. Análisis estratégico sobre la segunda vida de baterías y economía circular. Disponible en: sitio oficial de Ellen MacArthur Foundation.

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