Seguramente has oído hablar de grandes avances en movilidad eléctrica, pero ¿sabías que estos avances no están solo en países como China o Estados Unidos?
Durante mucho tiempo nos dijeron que los buses o cualquier transporte público eléctrico era algo imposible, algo que solo podrían lograr los países más ricos del mundo.
Pero si ahora caminas por las calles de Santiago o de Bogotá, verás que el cambio está más cerca de lo que imaginábamos.
América Latina dejó de ser solo un observador y ahora es un ejemplo mundial en buses eléctricos.
De un experimento a tomarse las avenidas principales
A diferencia de los autos particulares, donde pasar a lo eléctrico sigue siendo caro para la mayoría de los bolsillos latinoamericanos, el transporte público encontró en los autobuses una fórmula perfecta para transformarse rápido.
El caso de Chile es impresionante. Según datos del Portal oficial del Gobierno de Chile, la capital chilena ya cuenta con más de 4000 buses 100% eléctricos recorriendo sus calles.
Esto significa que más de la mitad de su sistema ya no consume una sola gota de petróleo, convirtiéndose en la flota de buses limpios más grande del mundo después de China y a esto se le suma el gran potencial que tiene en energías limpias.
Por su parte, Colombia no se queda atrás. Desde la Alcaldía Mayor de Bogotá confirmaron la salida a las calles de sus nuevos buses duales y articulados totalmente eléctricos.
Por qué los buses eléctricos son más rentables
Comprar un bus eléctrico parece un gasto enorme, pero si no fueran rentables ¿por qué las empresas se arriesgarían?
La verdad es que no es un riesgo, sino una inversión, pues a pesar de que el precio es mucho más alto que el de un bus normal, los buses eléctricos son mucho más económicos de mantener.
- Rinden mucho más con menos energía: Un motor diésel desperdicia casi toda su energía, generando calor. En cambio, el eléctrico aprovecha casi toda la electricidad que recibe para moverse. Es como comparar un foco antiguo que quema al tocarlo con un foco LED moderno.
- Tienen muchísimas menos piezas que romper: Al no necesitar cambios de aceite, ni filtros de combustible, ni correas complejas, los costos de reparación y mantenimiento en el taller se reducen casi a la mitad.
- Se cargan cuando la ciudad duerme: En lugar de cargar la batería a mediodía, estos buses se conectan por la noche en terminales especiales. A esa hora, la ciudad consume menos luz y la tarifa de electricidad es mucho más barata.
De hecho, los análisis internacionales de la Agencia Internacional de Energía (IEA) coinciden en que cambiar la flota de transporte pesado en ciudades en desarrollo es el camino más inteligente y rentable para dejar de depender del petróleo importado.
Pulmones más limpios, pero con un gran desafío pendiente
Más allá de los números y el ahorro, el beneficio más grande se siente directamente en los pulmones. Menos buses de petróleo en las avenidas significa menos esmog en el aire y menos visitas a emergencias por enfermedades respiratorias en los días más fríos del año.
Sin embargo, no todo es perfecto y aún quedan dos grandes barreras por derribar.
La primera es la brecha con las ciudades más pequeñas, pues mientras las grandes capitales consiguen millones para hacer esta transición, las ciudades intermedias todavía sufren para financiar los enchufes y estaciones de carga que estos buses necesitan.
El segundo problema es de dónde viene la luz que los carga, pues de nada sirve tener un bus que no tira humo si la electricidad para cargarlo se produce quemando carbón. La movilidad limpia solo es perfecta si la energía viene del sol, el viento o el agua.
Sin embargo, no podemos negar que nos encontramos ante un gran progreso. La llegada de los buses eléctricos a nuestras calles nos está demostrando que la tecnología sostenible no tiene por qué ser un lujo reservado para otros continentes.
El verdadero reto de los próximos años ya no es probar si la tecnología funciona, porque eso ya quedó claro. El reto ahora es lograr que el beneficio de respirar un aire más limpio no sea solo para las grandes capitales, sino para todos los rincones de América Latina.

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